LA VIDA EN SOCIEDAD: LO CULTURAL Y LO HUMANO

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Este espacio es un lugar abierto para escribir historias de situaciones que pasan sobre temas de interés Social y Cultural en sentido general, sin mucha profundidad Científica, tomando en consideración la parte humana, dirigido a gente sencilla con interés de conocimiento de la Cultura Dominicana , dándole valor a lo cotidiano.

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jueves, 4 de abril de 2013

‘Grano Dulce’- Relatos de Inmigrantes.



                                                     



Relatos de inmigrantes.
Sergio Reyes II.




‘Grano dulce’


Más que el simple y aislado anuncio de uno cualquiera del sinnúmero de comerciantes callejeros que pululan en los vecindarios de Washington Heights e Inwood, en la parte norte de Manhattan, parecería que la mercancía pregonada por éste vendedor contaba con el gusto y aceptación de todos los públicos, dado el alto poder de convocatoria que generaba en su desplazamiento.

Y es que tan pronto se diseminaba en el espacio infinito el pregón  de venta de las sabrosas habichuelas con dulce, acompañado del estribillo musical que el ingenioso mercader había mandado a grabar -con una jocosa lírica, a tono con la idiosincrasia y versatilidad del público hispano-, de inmediato comenzaban a lloverle, como por encanto, los ansiosos adquirientes del dulzón y apetitoso postre.

En la medida en que empezaban a disminuir las energías incendiarias del astro rey y la fresca brisa del norte anunciaba el término del verano y la casi inminente llegada del invierno, ‘Grano dulce’ daba curso a los aprestos para su agitada temporada de ventas, cuyo mayor número de consumidores se concentraba, como habrán adivinado, en el curso de la temporada fría.

Contando apenas con un sencillo carrito de supermercado, equipado con dos cubetas-termo, de formidable tamaño y el infaltable reproductor musical que repetía hasta la saciedad la chillona cantaleta que llenaba de frenesí a los compradores, este humilde y laborioso inmigrante proveniente de un apartado pueblucho cibaeño, en la República Dominicana, se constituyó, por mucho tiempo, en uno de los personajes más populares y apreciados dentro de la comunidad de residentes en el norte de Manhattan.

El trato afable y cortés con que se conducía, así como la incuestionable pulcritud con que manipulaba el producto de su venta le granjearon la confianza y aprecio de su numerosa clientela, y, según afirman quienes le trataron más de cerca, en muy pocas ocasiones tuvo que lidiar con la policía, las autoridades de Sanitation u otros organismos o agencias especializadas en garantizar el respeto a las reglamentaciones municipales y la preservación de la salud en el seno de la población.
Acorde a los gustos, disponía de dos grandes envases para transportar las habichuelas con granos, en el uno, y sin granos, en el otro. Con esta atinada medida se granjeaba la aprobación de los consumidores del producto en una u otra manera, además de que esto le permitía agilizar las ventas y atender, de paso, a un mayor número de clientes.

Estacionado con su carrito en una intersección cualquiera de las calles más concurridas del vecindario, le veíamos intercambiar chistes y jocosidades con su clientela, al tiempo que atendía con eficacia y prontitud a la larga fila de parroquianos que, desafiando la nieve o el embate de los vientos que intensifican la gélida temperatura invernal, se apersonaban al lugar en busca de un vaso llenado hasta la saciedad con el rico y humeante postre.
Y, para garantizar el puntual suministro de la acaramelada y energizante bebida, contaba con una batería de ‘asistentes’ que le acarreaban el producto desde su hogar e intercambiaban las cubetas a medida que iba vaciándose su contenido, como consecuencia de las continuas ventas.

En esta temporada invernal y la Semana Santa recién finalizada no se escuchó por las calles de Manhattan el radio de ‘Grano Dulce’, con su estribillo como grito de chicharra y su inseparable altoparlante. Tampoco hemos podido divisarle, en lontananza, oteando desde las ventanas de nuestro apartamento de cuarta planta de Saint Nicholas. Su minúscula, pero dinámica figura ya no recorre con energía y presteza las calles y recovecos del vecindario: Alguien me aseguró que el inefable personaje había regresado de vuelta a la Patria, a disfrutar la vejez junto a los suyos y a invertir los ahorros de toda una vida de esfuerzos, sacrificios y limitaciones, en el mejoramiento de una finquita que adquirió en su pueblo natal.

En verdad, espero que esta haya sido la suerte corrida por el bonachón ‘Grano Dulce’ y le deseo el mayor de los éxitos en el sendero elegido, tal y como él se lo merece. Sin embargo, estoy consciente de que –independientemente de que lleguen otros que le sustituyan en la venta del apetecido dulce-, con su partida, el vecindario pierde a uno de sus más  esforzados hombres de trabajo y al más conspicuo, locuaz y dicharachero amigo.

Y eso, lo confieso, me llena de nostalgia.



                                                sergioreyes1306@gmail.com; NYC, Abril, 2013.

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