Un tipo jevi.
Su pasión es la ropa ‘de marca’. Siempre anda ‘en pinta’ y vive haciendo malabares para agenciarse los jeans que mejor le entallen o el modelo más reciente de los tenis que comercializa una famosa franquicia; Y, como es lógico pensar, todo ello combinado con la suera o camiseta que la temporada reclame, junto al jacket de fuerte azul o leather o un atemperado abrigo que le proporcione la tibieza corporal que ameritan los fríos invernales. En suma, como dirían algunos, una vaina bien!
Alex se mueve entre sus compañeros de trabajo en la factoría con cierto aire de ostentación y fantochería con el que parece enrostrar a los demás los lujos que él se da, mismos con los que aquellos no pueden soñar ni remotamente. Por momentos, da la impresión de que se siente prisionero dentro del uniforme de faena que lleva puesto, y se le nota inquieto, deseoso de ver llegar la hora del cierre de labores, para dirigirse a los baños, abrir su compartimiento del armario para empleados y dar curso a una cansona cantaleta en la que desfilan los nombres y etiquetas de los diseñadores de la ropa, calzados, celulares y demás engendros de la tecnología moderna que complementan su vestuario, lo que hace pensar a alguno de sus cofrades que, más que a una tertulia de amigos asisten a un fastuoso desfile con lo más granado del mundillo de la moda, la farándula, la fantasía y el glamur.
Sin embargo, este tipo jevi, que luce trencitas y se esmera en mostrar las ventajas y maravillas que adornan a su fabuloso aparato celular recién salido al mercado, guarda con hermetismo un profundo secreto del que nadie tiene ni la más remota sospecha; Y es que, dando curso a una pasmosa habilidad que ha desarrollado en sus años de adaptación a la vida en la urbe, este ingenioso inmigrante se levanta cada sábado, tempranito en la mañana, para llevar a cabo un meticuloso recorrido por los tradicionales puntos en donde se llevan a cabo los flea market en el área de New York. Allí, da curso a su irrefrenable manía consumista y dejándose llevar por un selectivo olfato y una natural habilidad para elegir piezas de calidad y regatear con los precios, se apodera de artículos de segunda mano –pero de marca!-, con los que, más adelante, podrá apantallar a sus amigos y relacionados, ante quienes fanfarroneará, dejando caer, como al descuido, los supuestos precios de los ‘carísimos’ artículos con que se viste a diario.
En el curso de esta faena, el devoto seguidor de las prendas elaboradas por los diseñadores para manipular las mentalidades –y los bolsillos- de los incautos consumidores, se ha convertido en un experto conocedor de la naturaleza y calidad de los artículos ofertados en las ventas de garaje, ventas de halls o tag shop, conoce la ubicación de los mercados de ventas populares, los días y lugares de celebración de kermeses y otros eventos benéficos organizados por las iglesias y, de pasada, cada cierto tiempo se da una vueltecita discreta por Saint Nicholas Boulevard para echarle un ojo a los ‘sacúdelos’, a ver lo que aparece.
Para finalizar, hemos de señalar que el mentado individuo es un asiduo cliente de las tiendas Goodwill y Salvation Army, y, claro está, del negocito que regentea una rubia boricua frente al United Palace, los días de semana.
Con un prontuario mercadológico tan abultado y un afán consumista más amplio que la capacidad de los limitados ingresos que percibe como empleado de factoría, es dable entender entonces que sólo de esta manera, un tipo como Alex, tan dado a andar ‘en pinta’, luciendo prendas ‘de marca’ y de diseñadores, pueda adquirir el vestuario que le gusta exprimiendo su sueldo hasta más no poder.
Porque, en definitiva, como él mismo lo confiesa entre su círculo de amigos más cercanos, que conocen al dedillo sus secretos y malabares:
-‘Aunque sean de segunda mano, con agua y jabón tienen. Pero, que son de marca, eso no está en discusión!’-
Sin bocas que mantener ni la presión de envíos periódicos de remesas para ayudar a los familiares que permanecen en su país de origen, el vanidoso Alex seguirá desperdiciando su existencia inmerso en la fantasía sin darse cuenta de que, en su afán consumista, apenas contribuye a perpetuar la fama y el poderío económico de los diseñadores y los gurús de la moda.
Por el momento, su atención está cifrada en las visitas esporádicas a la Disco, para codearse con chicas de igual forma de pensar que él, y degustar la Hoohah para embotarse los sentidos viviendo una forma irreal de lo que es, en esencia, la pura vida.
De tal suerte, seguirá disfrutando su ‘cuarto de hora’ y, ante los demás, seguirá siendo un tipo jevi, un tipo bien!
