LA VIDA EN SOCIEDAD: LO CULTURAL Y LO HUMANO

LA VIDA EN SOCIEDAD: LO CULTURAL Y LO HUMANO


Este espacio es un lugar abierto para escribir historias de situaciones que pasan sobre temas de interés Social y Cultural en sentido general, sin mucha profundidad Científica, tomando en consideración la parte humana, dirigido a gente sencilla con interés de conocimiento de la Cultura Dominicana , dándole valor a lo cotidiano.

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miércoles, 21 de diciembre de 2011

La Ciguapa y su Canto de Amor


Vida en Sabana de la Mar.- 

Las tardes en el pueblo  eran  melancólicas. Sus  calles muy  tristes y sin vida. Las mañanas de domingo eran días muertos. Aquí nunca pasaba nada. Nunca  se conocieron  distinciones sociales, parecería que no se necesitara.  Era natural  dar ayuda al que lo solicitara. Vivamos en el subdesarrollo, pero vivíamos una vida más plena, allí las personas eran más auténticas y tratábamos de comprendernos unos a otros, para sentirnos bien. Entonces  éramos capaces de vivir y disfrutar del presente.

Sabana de la mar era un pueblo pequeño, en ese lugar  nos conocíamos todos.  Allá   tarde o temprano se sabía todo, aunque sus habitantes  actuaran como si no  estuvieran   al tanto de las cosas, muchas veces se   pecaba de ingenuidad. Mi familia llego’ ahí, en los mejores tiempos del pueblo, los años sesenta.- ¡Eran los tiempos en que se amarraban  los perros con longaniza!

-Mi madre decía   que para  entonces  Dios andaba por el mundo. El escritor e investigador dominicano Enrique Deschamps  decía que para   esa época  el pueblo tenía     las  mayores fincas de cacao y la mayor producción de ese fruto de todo el país.

Tenía a mis amigos y todas las tardes caíamos en la misma rutina,  nos dirigíamos  a un quebrado  tronco de un centenario árbol, carcomido por el paso del tiempo  y la humedad del lugar, justo a  las márgenes de una solitaria playa llamada para ese entonces Palo Alto, en su proximidad con la desembocadura de una pequeña cañada hoy desaparecida, en las  cercanías de una hacienda conocida con el nombre de Villa Suiza. Era un  lugar   rodeado de cocoteros y manglares.  Día y noche los caminos para llegar hasta ahí eran solitarios. Estaba alejado de todo.  En aquel lugar acostumbrábamos ir para hacer tertulias , que se iban reviviendo a lo largo de toda la tarde, la más inolvidable  de todas ellas  fue  el un verano  de principios de los años 70 ,  nos  propusimos internarnos  en    Villa Suiza , con el propósito de conocer los depósitos y el muelle de la finca  "Evolución", nombre  con el que realmente fue denominada por  sus dueños . Nuestra intención era explorar el lugar y respirar  aire de ese encantador valle, que resultaba  muy agradable incluso en ese ardiente verano.
                                                                  
Era una excursión corta y fácil, era un agradable paseo  por el campo  hacia la villa de los suizos, aparentemente desierta. Daba la impresión de que era poco visitada.  En este agraciado lugar   en las noches el viento sopla muy fuerte y se escuchan  las olas del mar…  
 
¡ Era un verdadero  lugar de reposo .!
  
Para llegar hasta allí   se podía ir por varios senderos, la forma más agradable para visitar este  lugar, sobre todo a pie  era caminar hacia el norte, bordeando la playa para  respirar  el aroma del  mar  y  disfrutar de la franja marina. Eran senderos boscosos por donde subíamos a través de unas laderas hasta llegar al lugar. Era una verdadera aventura.

Otra   ruta  más fácil para llegar   hasta allí  era andar unos 30  minutos   más o menos  por  la empedrada  calle “Del Pilar”, atravesando un  puente al que le llamaban  “Puente del Pajarito” que cruzaba una gran cañada. El puente estaba construido   con grandes troncos de maderas, que  pese a las pequeñas  hendiduras entre un tronco y otro  se podía observar hacia el fondo de la gran cañada a  las aguas corriendo hacia abajo bordeando las peñas en ruta hacia el mar, que producían un gran murmullo de las aguas….Aun así no presentaba un mal panorama.

Se continuaba por  la misma ruta y  más allá se cruzaba el puente de San Carlos, desde  donde  se podía observar  un sendero  que   terminaba  en un camino real, que se habría paso entre hicacos y guayabales que conducía  hasta llegar a la hacienda.

El nombre de Villa Suiza  se debe a  inmigrantes suizos que  se establecieron ahí a principio del siglo pasado y construyeron ahí una gran hacienda y una pequeña villa. Había sido erigida sobre un alto, frente a  la playa de Palo Alto, en las cercanías de la villa de pescadores de San Carlos. Desde allí se puede contemplar la mejor perspectiva de la bahía

La  arquitectura  de la hacienda era al estilo de las haciendas suizas, construidas en madera y  formada  por un gran   edificio de dos plantas con grandes   balcones y amplios áticos. La vista hacia afuera de la que disfrutaban sus  habitantes, eran  de extensas sabanas, bancos de piedras y balcones  que ofrecían las vistas más atractivas de estas costas de aguas cristalinas, en cuyas orillas se podía ver descansar los restos de un buque de gran calado llamado " El Pirata", que había encayado allí . Quizás por eso fuera el sendero más frecuentado por los enamorados.

Dos grandes ranchos de construcciones de  diferentes formas y tamaño, dispuestas sin orden  se encontraban en las cercanías de la gran casona. Detrás de esta casona habia  un viejo molino para el abastecimiento de agua y producción de energía eléctrica que se divisaba desde  lejos, y además  servía también  de guía para llegar al lugar, que estaba a escasa media hora al suroeste del viejo pueblo. Este viejo molino    fue fiel testigo  de   la forma de cómo se vivía para ese entonces en este pueblo.

Aquel viejo caserón de dos plantas era demasiado grande para el matrimonio que vivía ahí,  con grandes habitaciones y un gran patio central, que servía de esparcimientos a los habitantes de la hacienda.

La propiedad   estuvo rodeada de empalizadas de maderas de color blanco,  resquebrajadas por el paso del tiempo, de dos metros de altura, situadas a larga distancia de las viviendas, para separarlo del terreno colindante, con un portón que cerraban al caer la noche.
  
Dos grandes  árboles  flanqueaban esta entrada a  ambos lados  de un camino real que continuaban  por todo el   sendero que conducía hasta  el frente de la casa, donde se encontraba una gran puerta que daba acceso a la parte interior del casón   principal. Esta hilera de frondosos  flamboyanes  cubría la entrada con espesas  sombras y   en tiempos de florecimiento cubrían todo el suelo de color rojizo al caer las flores al suelo. 

Todavía se distinguen algunos árboles  de lo que hace medio siglo ocupaban gran parte del paisaje. Pero ya no exciten  vestigios de la Antigua hacienda, ni los restos del molino de viento.

 A cierta distancia    de la hacienda  se avistaba un letrero colocado al lado de la entrada que decía -“Abra el portón sin quitar la cadena de seguridad, al entrar ciérrelo”. “Sea bienvenido a nuestra casa.”

Cuando llegamos al lugar  habían cerrado el portón, la cerradura era floja y tan pronto forzamos la puerta la cadena brincó y de inmediato se asomó a la puerta  Don Florentino, el encargado de la hacienda  y parte de la servidumbre que lo acompañaba; nos turbamos al  verlo, aunque él nos conocía,   nos recibió  con expresivas elocuencia de regaños por lo ocurrido y por la algarabía de los muchachos.  

Don Florentino era un señor muy amable  de edad avanzada, delgado, que usaba espejuelos de vidrios;  vestía  indumentaria   de mayoral (botas de gomas  y sombrero de fieltro)  venia escoltado por   un   perro  flaco amansado llamado “ epilepsia” ,  y “mala vida” que era el nombre del gato. 

- Acabó  por decir Antonio; uno de los amigos que componían el grupo.

- ¡Coño  Onofre!,  ¡Chúpate esa! , disque  “epilepsia y mala vida”. ¡Oye esoo! – mientras reía con sarcasmo   señalando a los animales. - Fue la expresión que molestó a Don Florentino.

Nos sentamos debajo de unos cocoteros para apreciar la vista del paisaje y realizar nuestras acostumbrados chistes y  escuchar los cuentos de nuestro  amigo  Nino.

 - ¡Disfrutaba mucho de sus historias, siempre contaba las aventuras  de  un amor perdido entre un marinero y una Ciguapa.

- Bien sonreído – grito’ Onofre -; escucharan  las historias ligadas al misterio de lo sobrenatural, lo que esta oculto a la percepción normal, relacionado con lo  femenino. 

- ¡En particular, a mi no me importa lo que digan…  yo conozco la verdad. ! – Dijo Nino

- Yo conozco las historias de las ciguapas y  porqué  la  ligan a Klaus, - Yo lo  conocí,  él tenia un corazón agobiado por la tristeza y el afán por la vida - continúo diciendo Nino.

Él decía que en el pueblo siempre  se hablaba de Klaus y de sus grandes amores.

Era un mulato bien parecido, muy espigado,  acostumbraba a vestir de manera informal.  Tenía mala reputación por su vicio con el alcohol  y su fama de  adoración por las mujeres, amaba la belleza  y tenía un profundo  interés por  las cosas no reveladas  de  la vida. Era un hombre  muy optimista , de  buen humor y afectos por sus amigos. Repetía constantemente que   su misión en la vida era hacerles la vida fácil a los demás. Solía decir que el hombre tenía dos caras: Una para el sufrimiento y otra para el placer. Todo lo tomaba en broma. Era capaz de soltarlo todo en público y poner a uno en evidencia de cualquier situación de la que uno se  sintiera abochornado. ¡Era difícil atarle los cabos!

Era un muchacho alocado de algunos 30 años, que tras dos años de vida turbulenta lo botaron de la academia militar. Un joven amante de las aventuras, pero en el fondo era un buen muchacho.  

A lo largo de toda su vida tuvo numerosas relaciones íntimas con mujeres. Siempre tuvo un lugar sagrado  ocupado por una mujer.  Pero Dalia   lo marcó hondamente con mayor profundidad. Era una mulata de pelo lacio, peinado al estilo de  las bailarinas altas, delgada,  elegante, cintura estrecha, de elevados glúteos, buen busto, muy coqueta y buena conversadora, de voz muy suave y sensual. ¡Era una chica muy bonita!  .Cuando murió  Dalia jamás volvió a adorar a nadie más. Fue una mujer autentica para él. Klaus se hundió en un estado depresivo y melancólico.
                                               
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Klaus  había  escuchado muchas historias  que se mantienen aún  a través del tiempo, historias   ligadas al misterio de lo femenino y  al mundo   sobrenatural, historias que están  ocultas a  la percepción común, que  cuenta  sobre  el destino  individual incluyendo las relaciones  sexuales y el orden de la naturaleza relacionadas a las creencias indígenas.

La curiosidad innata   de  Klaus lo impulsó a internarse en las cuevas de Caño  Hondo  para averiguar  las historias  de misterios que se comentaban  en el pueblo. Se decía que ese lugar era un "Hábitat"  natural de las ciguapas.

Era un día nublado y lluvioso, cuando partió hacías las cuevas.
-           - Espérame  que voy en busca de un gran amor, sin un amor la vida no se llama vida. decía él.  Y se internó en las cuevas de Caño
        Hondo.

En cuanto vio a una impúdica  mujer de soberbia hermosura y exótica belleza, se detuvo  pasmado, como si se hubiera  encontrado   frente a un fantasma  o  una aparición sobrenatural.

La mujer estaba sentada sobre una piedra llorando inconsolablemente  y exhortó a la encantadora afligida que no se dejara dominar por estériles llantos y que además  el tiempo curaba las heridas del alma.

El soldado estaba loco de contento por la belleza de la  dama, pensaba más en el placer que  en lo misterioso de aquellos amores, no hacía más que suspirar y buscar de sus  caricias.

- Klaus tenía terreno fértil para la imaginación, decía que cada indicio mostraba algo de nuestra vida  y  cada cosa revelaba  algo de nuestra historia. Se sentía  saturado  de malos recuerdos y de un corazón vacío.

 -  ¿Se podrá  reparar un corazón roto? – Preguntaba  él.

¡Amada, escúchame!

¡Trémulo aguardo a tu  encuentro a la luz de la luna!

¡Ven , hazme feliz!

¡Ay de mí! - Ven que mi corazón te  implora.

Al amanecer  incursionaron dentro de las cavernas, penetraron  por una estrecha  brecha de un farallón  bien escabroso y resbaladizo  y quedaron  atrapado entra la pared y una gran roca que había caído, que fue imposible mover.  Atrapado  y totalmente solo en un hueco de las entrañas del cerro; pocas personas sabían  que Klaus  se había ido de excursión a las “Cuevas de  Caño  Hondo”.

Desde el día de su partida, jamás se volvió a saber de Klaus, solo quedo la leyenda.  

Continuaba diciendo Nino que las gentes  del pueblo comentaban  que  en las “Cuevas de  Caño  Hondo”  durante las   noches de “luna llena”   se  escuchan los quejidos de un hombre  que llora  por su trágica muerte  y que además se pueden ver  vagando  los fantasmas vestidos de blanco.

Esta historia se ha mantenido a través del tiempo y se ha convertido   en uno de los fantasmas  más famosos del pueblo.-  Pero esto es una leyenda repetía  Nino

                                             Las Ciguapas
Según la leyenda que gira  en torno a las Ciguapas, las gentes  del pueblo la describen como una joven de cuerpo bien formado, rasgos mestizos  y  de  hermosa fisionomía. Aducen  algunas personas  que ellas siempre se muestran   desnudas, exhiben una   larga cabellera que cubre la parte trasera de su cuerpo y que a la vez  le sirve de abrigo. Muestran  un  pelo suave y lustroso.

Dicen que las ciguapas   son muy esquivas, de aspectos tristes, muy tímidas y que temen a los humanos. Presentan  ojos negros rasgados y de mirada penetrante por lo que se recomienda a los hombres no mirarla nunca a los ojos para que no queden hechizados con su mirada y se hundan en un éxtasis  de amor. Se cuenta que tienen un corazón cazador porque provocan un amor a primera vista. -¡ Un torrente de pasión !.   - ¡Un amor realmente devastador con expresiones eróticas!

Suelen salir  por las  noches  en tiempos  de  “Luna llena” en busca de algún caminante melancólico al que embrujan con su mirada, los seducen, los  aman y en un beso le absorben   su último suspiro .Tal es su belleza henchida de   sensualidad que la utilizan como armas  para atrapar a los hombres y luego de ser seducidos desaparecerlos.

En otra ocasión salen en busca de frutas, peces o aves con los cuales se alimentan. Se comenta que tienen los pies al revés, por lo que dejan sus huellas inversas al rumbo de su destino.

Por la noches emiten  un gemido suave parecido al llanto de un niño  que es su único medio de comunicación verbal, otros dicen que es como un  “Canto de  Sirena”, que emiten al amanecer  y que  el hombre que atienda a  estas “dulces quejas”  está perdido para siempre. También se dice  que por las noches se  las puede escuchar suspirar y llorar  y  la mañana  siguiente   se observan   las piedras húmedas por sus lágrimas.

Estas jóvenes  son esencialmente nocturnas y  prefieren las zonas sombrías de los bosques y de las cuevas, en sus   cercanías con los ríos y mares.

También se dice que le esperan espantosos infortunios a la persona que se atreva a matar a una de ellas.

Si usted ve a una Ciguapa, no atienda a su canto, ni las  mire a los ojos para que no les embruje con el poder de su sensualidad.

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