LA VIDA EN SOCIEDAD: LO CULTURAL Y LO HUMANO

LA VIDA EN SOCIEDAD: LO CULTURAL Y LO HUMANO


Este espacio es un lugar abierto para escribir historias de situaciones que pasan sobre temas de interés Social y Cultural en sentido general, sin mucha profundidad Científica, tomando en consideración la parte humana, dirigido a gente sencilla con interés de conocimiento de la Cultura Dominicana , dándole valor a lo cotidiano.

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jueves, 15 de septiembre de 2011

Mi Primera Tonada


Sabana de la Mar
Fuente: Hector L. Galvan

Era un domingo en el atardecer de un  otoño, mediaban los años 60, emigrábamos  a Sabana de la Mar, en busca de un mejor futuro y una nueva vida. Nos mudábamos  a un pueblo  localizado al suroeste de la media Isla, habíamos vivido por largos años en Samaná  al nordeste de la bahía, de donde   nos proponíamos   realizar   una travesía por vía marítima en una pequeña embarcación para  30 tripulantes, cuando llegamos al puerto el cielo empezaba a nublarse y una fresca briza comenzaba a sentirse en el lugar.  

Había  esperado ahí largas horas, lleno de tristeza y sombríos pensamientos que me inspiraba la mudanza. Luego de esta  espera entramos a bordo con gran facilidad, porque ya nos conocían las personas encargadas  de la custodia de la lancha y de la verificación de los pasajeros. Me escurrí con mucha facilidad y me senté cerca de la parte anterior del barco.

Trascurrieron dos horas  para     levantar  velas  hacia el horizonte y por fin  emprendíamos el viaje   bajo un ingrato clima creado por la  borrasca  de un mal tiempo que se presentaba inesperadamente. Ya  enrumbado y en medio de la  ensenada, dormía en una butaca bien cómoda y que tras las algarabías de las gentes  me sacaron de  un  profundo sueño que me mantenía pegado al sillón. ….! Un verdadero alboroto!. Yo miraba todo aquello con la boca abierta y no lo creía. Enmudecía sin saber que pensar de todo aquello. Se compadecían de mí  al verme la cara más pálida que  un muerto.  Ya estábamos muy separados de la orilla, el capitán navegaba mar afuera; las marejadas  y   el agua que nos  abatía    eran interminables, el sube y baja de las olas   daba la impresión de que el mar nos tragaría a todos.  Deseaba  escuchar  de la  boca de algún  tripulante  de los que viajaban en la embarcación   el fin de ese mal tiempo. Mucho tarde’ en recobrar la serenidad  que tanta falta me hacía,  lo que me permitió    agarrarme de las barandillas del barco.

Siempre recuerdo  esta experiencia, porque se repitió tantas veces  en la misma la tarde, una y otra vez….. 

Dicen que con el tiempo se olvidan los malos momentos, pero confieso que esta  experiencia quedo’  grabada en mi mente para siempre.
                                                                                                      Fuente:www. Paranomio.Com
En un poco más o menos de una hora llegamos al fin del suplicio,… todos aplaudían,… nos encontrábamos en mejor situación,… ya estábamos anclando   en el  puerto de   Sabana de la Mar, serían las cinco   o  las seis de la tarde  cuando llegamos a las costas,  allí  éramos esperados por  familiares y amigos…..  Un altoparlante se escucha a lo lejos  anunciando la entrada  de la embarcación al puerto y   dando la bienvenida a los pasajeros que llegaban al pueblo.

Salimos inmediatamente del puerto,  para tomar el camino que nos llevaría a la casa. El sol  del atardecer había salido, el mal tiempo había pasado de este lado de la bahía  y una fresca brisa se movía                        entre los  visitantes que se paseaban por el lugar.  En el puerto había  mucho  movimiento de gentes que esperaban los pasajeros que llegaban en   la embarcación.  El  caos de las gentes y el ruido de los vehículos y motores, trasmitían desorden, se escuchaba música y gente vociferando la salida de taxis y autobuses para  otros pueblos de la parte oriental  y para la capital.  
                                                                "Bar Sobre las Olas"
                                                   Fuente:http://www.skyscrapercity.com
A la entrada del pueblo se divisa una cantina, en cuya fachada frente a la bahía cuelga un letrero que dice “Bar sobre las Olas”. Se escuchaba música y gente cantando. Había allí una gran multitud  de parroquianos que se ejercitaban coreando con chillidos  y saludando    a todos los que entraban  al pueblo. De allí salía todo el ambiente sonoro del domingo. Ahí retumbaba repetidamente:  “En el juego de la vida”, que ponía casi a todo el mundo en estado de delirio…

En el juego de la vida
Juega el grande y juega el chico                                 
Juega el blanco y juega el negro                                                        "Bar Sobre las Olas" 
Juega el pobre y juega el rico.                                             Fuente:http://www.skyscrapercity.com      

En el juego de la vida
Nada te vale la suerte
Porque al fin de la partida
Gana el albur de la muerte.

Juega con tus cartas limpias
En el juego de la vida
Al morir nada te llevas
Vive y deja que otros vivan.

Cuatro puertas hay abiertas
Al que no tiene dinero
El hospital y la cárcel
La iglesia y el cementerio.
En el juego de la vida...

Cuando pregunte por la canción, alguien exclamó que la conocía…!  “En el Juego de la Vida”  ¡… fue grabada  por allá por la década de los años 50, por un cantante  llamado Daniel Santos.  Esa  voz  era inconfundible….. él   le ponía su sello  de melancolía. Al escuchar esta  canción  me hace soñar   y volar mi imaginación. Llegan  a mi mente recuerdos de personas que fueron importantes en mi vida….. Siempre la recuerdo con un hondo suspiro.
Imagino estos episodios de mi vida muchas veces como un drama, otras veces lo siento como una comedia, pasan por mi mente como  deslumbramientos de una película de lo que viví a mi regreso  aquel pueblo 
                                                                                                              Foto:Christian 112
Una calle larga,  se inicia en las cercanías del muelle, ahí se encuentra el “Brisas de la Bahía”  un pequeño hotel, para albergar  pasajeros que llegan de  Samaná;  de ruta hacia la capital y otros pueblos de la parte oriental, brindan habitación  con baño y una buena comida. La atención es muy esmerada.

Al salir del entorno se veían las casas en hileras, con sus techos marrones productos del estado de oxidación. 

El pueblo conservaba su estilo romántico, con sus viejas casas de rasgos victorianos, como consecuencia de su historia y de su ambiente físico.

Al fin llegamos  a un antiguo caserón de madera de definida  arquitectura  victoriana, lo que sería nuestra nueva residencia.  La casa  era grande, sobria,   pintada de amarillo, los aleros del techo de colores blancos, de madera calada, en su frente se exhibían    ocho puertas  de color amarillo, con complementos rojos, las puertas muy  cercanas una de las otras, con cuatro áticos encima del techo, de dos ventanas cuadradas cada uno. Desde sus áticos  se divisaba  el pueblo en todas sus  direcciones. Podía ver las calles y los techos de las demás viviendas, daba unas sensación increíble poder dominar a la vista todo el pueblo… Vivamos en la calle Duarte # 24.  En su parte trasera presentaba un patio amplio, abierto que se comunicaba con  las demás viviendas de la  familia, lo cual producía un aspecto de vecindad entre las mismas familias.

Todas las habitaciones presentaban el mismo aspecto muy amplias, con grandes ventanales y anchas puertas, ocupadas por camas antiguas de bronces terminadas en bolas de cristal duro, agarrados por garras de tigres, que producían  el  misterio de los objetos antiguos. Grandes lámparas antiguas pendían del techo de cada habitación…Fueron traída de traídas desde Italia por nuestros abuelos...

Para llegar al cuarto de mi hermano mayor había que subir unas amplias  escaleras con anchos pasillos, que lo dejaba completamente independiente,

En uno de los rincones del patio había   con un profundo  aljibe de tipo artesiano español, que servía de abastecimiento de agua  a la familia en caso sequía.

¡Eran los vestigios del antiguo esplendor del pueblo! , en    donde mis padres ya habían vivido y habían tenido  en tiempo atrás  una a tienda y un almacén de comestibles, con abastecimiento de arroz, café y cacao, el cual duro’ por muchos años hasta la llegada de la gran depresión económica que sufrió el país y nos obligó a emigrar a Samaná.

Un día mi padre me conto que nuestra familia había vivido aquí por mucho tiempo, nunca  supe cuando nos  establecimos en Samaná.
                                                                                                         Fuente: Hector L. Galvan
Las mañanas en sabana de la mar, comenzaban  temprano, al amanecer  era muy común ir al puerto. Los pescadores llegaban  en sus botes y cubrían las orillas de la ensenada  con sus  mallas repletas de peses. Mujeres de diferentes edades  llegaban en grupos  para comprar los comestibles del día. Vendedores ambulantes  de frutas, vegetales  y mariscos se  paseaban lentamente entre las gentes pregonando lo que traían…..! Pescados fresco!... ¡Cogido temprano!  ¿Quién quiere?..? Quien lo quiere comprar?. Baratísimo lo doy..

De aquellos años recuerdo  a un viejo pescador que         mientras desmontaba  las redes de la embarcación,   le cantaba a cuentas mujeres llegaba y le contaba una historia de amor. Una mujer madura atendía a los que llegaban en busca de una buena ensarta de pescado o maricos…! Era Enemencia..! Muchas gentes la conocían. Era muy  respetada en el pueblo. Se decía que era de buena familia.

A lo lejos de  las orillas de esta ensenada,  se puede observar una mancha larga de un verde azulado  pálido, separado en línea recta del cielo, de color blanquecino en el horizonte, manchado con pequeñísimos rastros de lo que son las casas del pueblo  de Samaná; lo que me  obligó por mucho tiempo a soñar en medio de ese destierro. 

El dolor  de decir adiós a los amigos, dejar atrás las huellas de nuestra infancia  y de  muchas cosas con las que nos habíamos  identificados,  nos obligó a construir nuestros propios destinos.

El tiempo logro tapar las nostalgias  con el manto del olvido. Nunca nos explicaron que el desgaste de la memoria, nos dejaría sin recuerdos.

En toda esa área se encuentra una larga cadena de montañas y  sobre  esas montañas está  edificado el poblado, localizado en las mismas orillas de la bahía.
                                                                                          De hierrro, traída por esclavos afroamericanos
La geografía   de Samaná es de un  terreno   costanero  muy  escarpado  en la mayoría de sus partes, sus montes son muy boscosos  y las calles para transitarlas hay que subir muchas  pendiente. Una gran cantidad de sus habitantes son descendientes de esclavos afroamericanos que huyeron  de la esclavitud que vivieron en  Norteamérica. Fue  la presea deseada de Napoleón Bonaparte, para construir un refugio  francés. De esos deseos  solo quedaron los planos para la construcción de  la Ciudad Napoleónica.

Era un pueblo verdaderamente aislado,  apenas había una carretera desde la capital  para llegar hasta allí, a muchas horas de distancias  y la otra salida era por la vía marítima hacia   Sabana de la mar, que era la más usada en aquella época, por su viabilidad y cercanía a la capital. Para aquella época las casas estaban construidas de madera de estilo victoriano  y  el pueblo no pasaba de diez esquinas,  allí habíamos vivido por largo tiempo.

En la actualidad  Samaná es un pueblo   con grandes hoteles,  construidos a los bordes de grandes acantilados con vistas panorámicas hacia el mar,  en donde se pueden disfrutar sus tesoros naturales y el apareamiento de las ballenas jorobas en su paso por la bahía.  El pueblo tiene   una gran autopista que los comunica con la capital en    45 minutos. No es un pueblo aburrido, sigue siendo  muy encantador y  un verdadero paraíso con mucho desarrollo turístico a donde llegan muchos turistas.

Sabana de la mar  se encuentra en el litoral sur de la bahía, desde    las orillas de su  ensenada  se puede observar a la distancia el pueblo de Samaná. 

Cuando llegue a Sabana de la Mar  era muy pequeño, ahí me crie   y ahí casi me hice hombre hasta irme a vivir a la capital para continuar estudios universitarios.

No he vuelto a sabana de la mar desde entonces, a  veces pienso  que me gustaría volver a lo que fue mi vida y  otras veces  prefiero aceptar la realidad de lo que hoy vivo.


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